Mi verano empezó de verdad el 30 de julio, cuando volví a ver a mi mejor amiga después de dos años sin tenerla delante. No hubo nervios ni esa sensación rara que a veces aparece cuando alguien vuelve después de tanto tiempo. Fue como si el último día juntas hubiera sido ayer, como si el tiempo hubiera estado esperando a que nos reencontráramos.
A partir de ahí, los días se fueron llenando de momentos que solo tienen sentido cuando los compartes con alguien que te conoce de verdad. Fuimos a un río donde el agua estaba tan fría que nos hizo reír de lo absurdo que era meterse ahí. Montamos a caballo y, aunque al principio nos mirábamos con cara de “¿seguro que esto es buena idea?”, acabamos disfrutándolo como si no existiera nada más alrededor.
Un día fuimos a la piscina del pueblo. Solo una vez, pero suficiente para que el sol nos dejara la piel caliente y la sensación de que el verano, por fin, estaba pasando de verdad. También visitamos Ajo y Santoña, con ese olor a mar que parece que te limpia la cabeza y te deja más ligera. Caminamos, hablamos, nos quedamos calladas sin que el silencio molestara. Todo era fácil.
Entre todo eso, aprendí a jugar al rummy. Para nosotras se convirtió en una especie de ritual improvisado. Al principio no entendía nada, pero acabé enganchándome.
Hubo momentos que no se pueden planear, como cuando acabamos subidas a un escenario con Verónica Romero de OT. No sé en qué segundo exacto pasamos de estar entre el público a estar ahí arriba, pero fue uno de esos instantes que se quedan guardados porque son tan inesperados que parecen inventados.
También hicimos una barbacoa que sabía a verano de verdad: humo, risas, platos por todas partes y esa sensación de que no hace falta nada más para estar bien. Y celebramos su cumpleaños, que este año tuvo un significado distinto. No era solo una fiesta; era celebrar que después de dos años, estábamos otra vez juntas.
Cuando llegó el 9 de agosto, no sentí que se acabaran las vacaciones. Sentí que se cerraba un capítulo bonito, uno que necesitaba vivir. Me di cuenta de que hay amistades que no se rompen, aunque la vida se empeñe en poner distancia. Que hay personas que, cuando vuelven, te devuelven también una parte de ti.
Del 30 de julio al 9 de agosto no fueron solo días. Fueron un recordatorio de que algunas personas son hogar, incluso cuando pasan dos años sin pisarlo.
.png)
Precioso.
ResponderEliminarEste será uno de los muchos veranos que recordarás para siempre. Preciosa la frase de que algunas personas son hogar. Aprovecha y disfruta lo que queda de verano.
ResponderEliminarUn abrazo y mis mejores deseos we felicidad.