sábado, 7 de febrero de 2026

Cuando querer tenía otro significado

 


Últimamente me da por pensar en cómo ha cambiado el amor. No sé si es la época, si somos nosotros, o si simplemente nos hemos acostumbrado a querer sin profundidad. Pero el amor de hoy en día no se parece en nada al de antes. Y no hablo de hace siglos, hablo de hace unos pocos años, cuando escribir una carta no era visto como algo exagerado, sino como un gesto bonito, sincero, lleno de intención.

Antes te sentabas a escribir lo que sentías, palabra por palabra, sin miedo a que te llamaran intensa. Regalabas flores sin motivo, solo porque te nacía. Buscabas cualquier excusa para ver a esa persona, aunque fuera un ratito, aunque fuera solo para decir “te he echado de menos”. Había una forma de querer que se demostraba, que se cuidaba, que se decía sin vergüenza.

Y ahora… ahora parece que todo eso se ha ido perdiendo. Ser infiel se ha convertido casi en una moda, como si romperle el corazón a alguien fuera parte del juego. Respetar a tu pareja ya no es lo normal, es casi una excepción. Pasan horas, días incluso, sin hablarse, y nadie dice nada porque “no pasa nada”. Como si sentir fuese un problema. Como si pedir atención fuese pedir demasiado.

El amor se ha vuelto rápido, superficial, lleno de silencios que pesan más que cualquier palabra. Ya nadie lucha, nadie insiste, nadie cuida. Todo es reemplazable, todo es temporal, todo es “si no me gusta, me voy”. Y yo no sé en qué momento empezamos a conformarnos con tan poco. En qué momento dejamos de valorar lo que teníamos delante.

Y lo curioso es que yo ni siquiera viví ese amor del que hablo. Tengo 15 años. Lo que sé, lo que admiro, lo que me parece bonito, es lo que me enseñaron en casa.

Ese amor que veía en mis abuelos, en mis padres, en las historias que escuché desde pequeña. Ese amor que se demuestra con detalles, que se cuida con paciencia, que se habla con calma. Ese amor que no tiene miedo de decir lo que siente, que no desaparece sin explicación, que no juega a medias.

Quizá por eso me cuesta tanto entender lo que veo hoy. Porque crecí creyendo que querer era algo serio, algo bonito, algo que se construía entre dos. No algo que se usa y se tira. No algo que se deja a medias. No algo que se rompe por aburrimiento.

A veces siento que admiramos un amor que ya casi nadie práctica. Un amor que parece antiguo, pero que para mí es el más real de todos. Un amor que no necesita filtros, ni excusas, ni silencios eternos. Un amor que se demuestra, que se piensa, que se siente de verdad.