Mi abuelo es una de las personas más importantes de mi vida. No sé ni cómo explicarlo bien, pero siento que gran parte de lo que soy ahora viene de él. Él me enseñó a escuchar de verdad, sin juzgar, a querer a la gente tal y como es. A veces no se lo digo ni se lo demuestro tanto como debería, pero para mí mi abuelo lo es todo.
Cuando era pequeña, con él todo era una aventura. Las vacas no eran solo vacas, eran “vacas vestidas de vaca”. Los ciempiés tenían calcetines, buscábamos cigüeñas con bañador y hasta cocodrilos rosas. Él conseguía que cualquier cosa, por tonta que fuera, se volviera divertida. Y ahora que lo pienso, me dio la infancia más bonita que podría haber tenido.
Muchas veces me habla de su abuela, que para él fue la persona más importante de su vida. Me cuenta que ella no sabía leer y que él le leía todo; entonces aprovechaba para hacerle alguna broma y que siempre estaba sonriendo, que nunca se enfadaba. Y cuando me lo dice, entiendo perfectamente de dónde le viene esa forma tan buena de ser. Es como si él hubiera heredado esa luz… y un poquito de esa luz también me la hubiera pasado a mí.
También me encanta cuando me habla de su infancia y de su pueblo, San Vicente de Alcántara. A veces son historias súper simples, pero me encanta ver cómo sonríe mientras las cuenta. Me hace feliz verlo así, como si por un momento volviera a ser un niño. Y aunque sean cosas pequeñas, para mí significan muchísimo, porque siento que me está regalando partes de su vida, de su historia, de quién es él.
Mi abuelo me dio lo mejor de mi infancia y sigue siendo una de las mejores cosas de mi vida. No sé cómo sería yo sin él, pero seguro que muy distinta. Mi abuelo lo es todo para mí, aunque a veces no se lo diga lo suficiente.

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